La guatemalteca Marie André Destarac ha sobrepasado diferentes barreras hasta convertirse en un ejemplo a seguir para todas las jóvenes. A pesar de tener todo en contra destacó en el mundo de la electrónica y robótica a nivel nacional e internacional. En el Mes de la Historia de la Mujer entrevistamos a esta pionera para conocer su trayectoria. 

La Dra. Destarac nació en la Ciudad de Guatemala en 1981 y desde muy pequeña mostró tener una mente curiosa. Se graduó de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG) como Ingeniera Electrónica en 2006. Trabajó en diversos proyectos de investigación en Guatemala, Japón y España. Dichos estudios estaban enfocados en áreas de automatización, robótica y desarrollo de dispositivos médicos.

Posteriormente la Dra. Marie André obtuvo su maestría y doctorado en robótica, en la Universidad Politécnica de Madrid —UPM—.  Ha trabajado en proyectos investigativos como ORTE, el cual  consistió en el desarrollo de un exoesqueleto robótico para la rehabilitación del brazo de un adulto.  También trabajó en el proyecto OSCANN desk, el cual consiste en un escáner ocular que permite diagnosticar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o Parkinson. Además fue reconocida como una de los “Innovadores Menores de 35 años Centroamérica del MIT Technology Review”, Massachusetts Institute of Technology en 2015.


– ¿Cómo fue su experiencia como estudiante de Ingeniería Electrónica? 

En general fue una muy buena experiencia. Siempre le estaré agradecida a la UVG porque me dio todas las bases para hacer lo que hoy hago. Además, el clima de investigación de la universidad inspira a los estudiantes a buscar la excelencia. Aunque también tuvo una parte difícil porque no había muchas mujeres en el campo. Me habría gustado tener un referente más cercano, pues buscaba mentoras pero todas las mujeres que habían creado un impacto en el campo eran extranjeras o de otra época. 

– ¿Cómo se siente al ser la primera mujer guatemalteca en obtener un Doctorado en Robótica ? 

(Foto: RRPP Guatemala)

 Me siento muy satisfecha y la verdad es que no busqué ser la primera. Me di cuenta tarde que era “la primera” en muchas cosas. Reconozco que en ocasiones puede ser solitario y la carga llega a ser pesada, ya que se crean más expectativas. Pero también tiene una parte bonita pues me permite inspirar a otros. Si mi ejemplo empuja a otras mujeres a estudiar estas carreras científicas y técnicas, me siento satisfecha. 

– ¿Cuál ha sido el mayor reto que ha superado en su carrera?

Creo que han sido dos. El primero fue obtener mi título pues tenía todo en contra. Mi colegio se enfocaba mucho en la parte social, por lo que al entrar a la universidad tuve que nivelarme en las clases numéricas y estudiar más que otros. Además, no tenía el apoyo de mi papá pues él creía que Ing. Electrónica era una carrera demasiado demandante para una mujer. 

El segundo fue tomar la decisión de irme de Guatemala cuando todo iba muy bien, estaba siendo parte de una revolución en mi campo, pero intuía que podía aprender más. No es fácil meter toda la vida en dos maletas, cruzar el atlántico y empezar de cero. Al llegar a España tuve que darme a conocer nuevamente. Ha tomado tiempo. Tuve que trabajar muy duro para demostrar que podía hacer lo que decía mi currículo. 

¿Cómo se involucra para que más niñas y mujeres guatemaltecas sigan carreras en ciencias y tecnología?

Tomo todas las oportunidades que se me presentan para hablar con mujeres jóvenes, ya sean conferencias o publicaciones. También soy parte del comité ejecutivo de OWSD Guatemala (Organización de Mujeres en la Ciencia para el Mundo en Desarrollo por sus siglas en inglés) que es una fundación que reúne a mujeres en diferentes campos científicos en países en vías de desarrollo. El capítulo de OWSD en Guatemala tiene más de 300 miembros. Actualmente soy coordinadora del Equipo de Mentorías, por lo que asesoro a otras mentoras y también conecto con científicas jóvenes y estudiantes.

–  ¿Qué diría a las jóvenes que quieren desarrollarse en estos campos?

Que nunca se rindan y les compartiría una frase que para mí ha sido decisiva: “no me digas que el cielo es límite cuando hay huellas en la luna” (Paul Brandt).